2013 año 6. La enseñanza de Los Amantes

En la mayoría de los tarots vemos un hombre y una mujer, EL Emperador y La Emperatriz en el Tarot de Crowley/Harris, que representan el Principio de la Polaridad creando el Universo y la Vida a través de la interacción del masculino y del femenino en todos los niveles. Tradicionalmente esta carta es interpretada como una elección entre varias alternativas. Intérpretes más moralistas hablan de la elección entre el camino del bien (la virtud, lo correcto) y el camino del mal (el pecado, lo incorrecto). Siempre una elección entre cosas que están allí fuera: Brad Pitt o Antonio Banderas, medicina o arquitectura, Nestlé o Coca-Cola.

Esta carta muestra una boda, solo que es una boda interna, aquí te casas contigo misma[1]. Casarte contigo no significa hacer una elección entre dos caminos, significa percibir y tomar el camino de vida en el que eres realmente fiel a ti misma. Como dijo Don Juan el chamán mexicano de Carlos Castaneda: “Hay un camino que tiene corazón, todos los demás no van a ningún lugar”. No se trata de una elaboración mental: ¿Cual será el camino más adecuado, lógico y conveniente? Casarte contigo misma significa salir de la mente para conectar-te con lo que realmente viene de dentro, del inconsciente, dejando emerger las respuestas para la pregunta: ¿Cual es la vida que deseo o anhelo vivir? Identificado ese impulso interno que viene con su propia energía, entusiasmo y alegría, la mente hasta ahora silenciosa y disponible, como un buen mayordomo, puede encontrar la manera más adecuada y conveniente de trillar ese camino. Así integramos las polaridades consciente e inconsciente.

Casarte contigo misma significa entender que el hombre y la mujer de tu vida están dentro de ti y no fuera, son tus aspectos masculino y femenino. Solamente cuando entiendas eso vas a parar de proyectarlos. Siempre proyectamos y somos atraídos o repelidos por las personas que exteriorizan aspectos nuestros que nos gustan y nos sentimos incapaces de expresar o aspectos que rechazamos. ¿Recuerdas el mito del Cupido?

Cupido era un chamaco travieso que, con los ojos vendados, lanzaba flechas a diestro y siniestro. Si la flecha es de oro la persona alcanzada por ella se enamoraba locamente de la primera persona o animal que se cruzaba en su camino. Si la flecha es de plata la persona flechada odia irremediablemente a la primera persona o animal que aparezca. Sabes lo que son las flechas? Las flechas son nuestras proyecciones. Si nos gusta un determinado aspecto nuestro (¡ah, como me gustaría tocar un instrumento!), mas no nos atrevemos a desarrollarlo o expresarlo, lo acabamos  proyectando encima de alguien que sea una buena percha para dicha proyección y nos enamoramos  de esa persona (el trompetista del mariachi). En realidad nos enamoramos de un aspecto nuestro que vemos en él. Si negamos y reprimimos un aspecto nuestro (¡yo no soy de esas que andan por ahí  ofreciéndose!) lo proyectamos y nos enojamos, a veces hasta el punto de llegar a pelearnos, con quien muestra desinhibidamente ese aspecto  (las mujeres que usan minifalda).

En la medida en que  vas parando con las proyecciones sales de relaciones de dependencia y de sufrimiento. Solo entonces vas a parar de intentar encajar a las personas de carne y hueso que caminan en la calle en tu patrón mental (generalmente importado) del hombre o de la mujer que “me va a hacer feliz” y pagando el precio correspondiente y entrando en todas las exigencias y manipulaciones de rigor.  “¿Qué tengo que hacer para que me ames?”; “Yo hago todo para ti y tú a cambio ...”  Solo entonces  vas a ver a las personas como son y no como te gustaría que fuesen. Cuanta más necesidad tenemos (o pensamos que tenemos) de algo esa necesidad distorsiona más nuestra visión. Queremos que llegue Sir Lancelot y acabamos saliendo con Frankenstein convencidos que es Lancelot hasta que los hechos no nos permiten más mantener la fantasía. Podemos incluso intentar durante años que Frankenstein se vuelva Lancelot, cosa imposible.

La media naranja está dentro. Aquel mito segundo el cual cuando en un pasado remoto en que los humanos éramos hermafroditas, los dioses aburridos sin carnaval ni futbol, decidieron para entretenerse cortarnos al medio y decretaron que solo seriamos felices cuando encontráramos la otra media mitad, es una trampa  siniestra, aunque mantenida y reformatada por los medios de comunicación y muchos tarotistas también. Cuanto más busco allí fuera la solución para mis dificultades más me distancio de mi misma y cuanto más me distancio de mi misma más necesito algo allá fuera. Así entro en un círculo vicioso de decepciones y sufrimientos que me puede llevar hasta la locura. 

La otra media mitad (polaridad) está dentro, en el fondo somos seres completos. Percibiendo esto podemos ver a las persona como son realmente y podemos relacionarnos con ellas sin expectativas, curtiendo sus aspectos que se sintonizan naturalmente con nosotros. Con esta persona me voy al cine, con aquella a la cocina y con la demás allá a la cama. Si eventualmente una de esas relaciones se va enriqueciendo de amor, puntos en común, de manera que la cualidad de los momentos que vives con esa persona es cada vez mejor, sin darte cuenta, sin colocar el carro delante de los bueyes construiste una relación de pareja.

El Arcano de Los Amantes nos está dando la posibilidad de entender todo eso, en este año de 2013 que suma 6 (número de los Amantes) o en cualquier otro momento, e identificar a partir de ahí el camino de vida en que realmente somos  fieles  a nosotras mismas y así paramos de correr atrás de la “persona que me va a hacer feliz” (como el perro corre atrás de su rabo y solamente lo alcanza cuando para de correr y se tumba) y nos hacemos felices a nosotras mismas.  

Atrévete a soñar, conéctate con tu niña o niño espontáneo y deja que exprese sus deseos en relación a todos los asuntos que componen la vida. Así tal vez consigas visualizar aquél único camino que significa ser fiel a ti misma.

Que tal hacer una lista de las cosas que te gustaría recibir de tu “gran amor” y después observa de todo eso que es lo que te puedes dar a ti misma.

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[1] EL texto está escrito para la categoría de persona que es femenino.